El Lago de Sanabria y su Leyenda

Es casi imposible no pensar en que exista alguna leyenda en los lagos de España, en esta ocasión en particular para los amantes de misterio y las curiosidades si hay unas cuantas en el lago de Sanabria.

Ubicado en la provincia de Zamora, es considerado como el lago natural más grande de la península ibérica, pero también uno de los más grandes de toda Europa, este lago cuenta con varias playas entre arena y piedra, rodeadas de una exquisita naturaleza junto a hermosos árboles donde no sólo podrás darte un refrescante baño sino también podrás pescar. Aún con las maravillas que ofrece este lago a quienes lo visitan, más allá de eso se encuentra entre los cinco lagos del mundo que se debe ir por las leyendas que se cuentan.

Una de ellas, la más famosa es la de su origen, la cual surgió debido a las condiciones naturales, económicas y sociales que se encontraban a los costados de Sanabria, alimentó la imaginación de su población, pues debido a que los pueblos en Sanabria son aislados, dispersos y pobres, lograron tener grandes cultivos y riquezas, pero sus habitantes eran egoístas, lo cual generó que se crearan muchas historias y leyendas que brindaran explicaciones lógicas a los acontecimientos que sucedieron allí, entre la realidad y el cuento.

En esta leyenda se cuenta que antes de que existiera el lago, había una aldea llamada Villaverde de Lucerna, un pueblo rodeado de tierras muy fértiles y productivas, donde su gente era demasiado egoísta y poco solidaria con los demás. La noche antes de la fiesta de San Juan, una noche que era bastante lluviosa con truenos y relámpagos, llegó un peregrino con bastón pidiendo limosna, tocó las puertas, camino por todo el lugar, pero no hicieron más que darle la espalda mientras exigían al pobre hombre que les dejara de molestar, ya sin fuerzas, cansado y hambriento, ve a lo lejos un horno de leña en el que un grupo de mujeres que cocinaban pan, este se acercó y les pidió ayuda, a lo que ellas accedieron con gusto, le permitieron entrar a calentarse en la sala de estar, le ofrecieron de su pan recién cocido, pero en ese momento el pan que estaba en el horno creció de tal manera que sorprendió a las mujeres, pues hasta era difícil sacarlo del horno, sin embargo lograron retirar uno de los panes para brindárselo al hombre, este muy agradecido les dice que ellas son dignas de la salvación del pueblo, les pide que no se alejen del horno y que no salgan, estás miraron mejor al peregrino dándose cuenta que en realidad era Jesucristo, quien daría un severo castigo al pueblo ante su falta de caridad, él inundaría la aldea por completo, haciendo que todos huyeran a refugiarse al monte, al suceder eso clavó su bastón en el suelo y tras ello dijo:

“Aquí clavo mi bastón

aquí salga un gargallón

aquí cavo mi ferrete

que salga un gargallete.”

Saliendo del lugar en dónde se clavó el bastón empezó a brotas tanta agua que devastó al pueblo en pocos minutos, dejando a salvo el horno y a las mujeres, lo que hoy en día es una pequeña isla en el lago de Sanabria.

Los vecinos afectados y angustiados simplemente quisieron rescatar las campanas que había en la iglesia, con todo lo que pudieron intentaron sacarlas, pero fue en vano cualquier esfuerzo, dejando al final las campanas hundirse en el fondo del lago, se cuenta que estás no podrán ser sacadas hasta el fin de los tiempos y que hoy en día son escuchadas sólo por los habitantes de bien, cercanos al lago el día de la noche de San Juan.

La realidad de esta leyenda surge en el año 1109, cuando un monje llamado Aymeric Picaud, comenzó un viaje con el fin de acompañar al pontífice Calixto, Guido de Borgoña, en la peregrinación en Santiago de Compostela. Cuando finalizaron el viajo, el monje creo un manuscrito donde narraba las vivencias de ese viaje, nombrandolo el Liber Sancti Iacobi. Este libro fue tan famoso que toda Europa lo conocía y lo comenzaron a llamer el Codex Calixtinus, se convirtió en una guía para viajeros hacia Compostela en la Edad Media. En una de las partes de ese libro se habla las hazañas de Carlomagno en Hispania, el emperador quiso someter tantas ciudades como pudiese, pero fueron tres las que se opusieron, Capparria, Adania y por último Villaverde de Lucerna, las cuales además de ser destruidas, las maldijo para que siempre fueran ruinas.